Aborto. La solución es acompañar, nunca descartar


La discusión sobre el aborto es a la vez difícil y fundamental. Por eso, para pensar en el aborto es mejor ponerle cara al problema. Historias hay muchas. La de María podría haber sido así. A sus 20 años es soltera y trabaja para una empresa de limpieza. Está embarazada por un abuso que sufrió en una pieza que alquila en una casona usurpada en el barrio de Barracas de la Capital. Su madre vive en el norte del país, ella está sola en Buenos Aires. Como no sabía qué hacer, María acudió a su vecina. No habló con su empleador por miedo a que la echen. Tampoco se animó a hablar con la policía. Entre dudas y nerviosa, la vecina le recomendó: “¡Sacátelo, sacátelo! Así vos no podés”.


María estaba nerviosa y desconcertada, llena de miedo, sin saber cómo resolver su problema. Entre tanto, vio un cartel: “Si querés abortar, llamá ahora. Nosotros te vamos a ayudar”. María no sabía si el aborto era legal o ilegal. Su vida de vulnerabilidad no le permitía hacerse esas preguntas. Llamó y quedó en verse con una mujer al día siguiente después del trabajo.


María quería una solución. Sentía que lo que tenía en su cuerpo era una vida, pero una vida que no buscó y, por eso, sus sentimientos eran confusos. María no podía con su propia vida, ¿cómo iba a sostener dos? Le parecía más lógico eliminar de cuajo el problema. Esperaba que eso aliviara su profundo sufrimiento.

La señora con la que se puso en contacto le explicó de entrada que ella no se dedicaba a hacer abortos, sino a ayudar a chicas con un embarazo no deseado que piensan que no podrán con él y, mucho menos, con el bebé.


María lloró, abrazó, se desahogó, gritó y luego de restregarse las lágrimas, se miró de frente y encaró la vida desde una nueva perspectiva, la suya y la que sentía en su panza. Conoció casos de chicas como ella que abortaron y que se cargaron un nuevo problema sobre sus espaldas: el síndrome post-aborto. Pero los problemas, esos que las llevaron a abortar, seguían a flor de piel. María entendió: el aborto no soluciona mis problemas, los agrava. El aborto no representa una solución social, ni económica, ni cultural, y mucho menos para la madre, que carga su conciencia con la crueldad de un aborto. Es competencia de quien legisla la protección de la madre y del bebé por nacer, ayudando a contener psicológica y biológicamente a la madre en riesgo, y facilitando las condiciones para que esa mujer y ese bebé puedan salir adelante.


Muchas mujeres quedan atrapadas en el callejón sin salida del aborto por la falta de apoyo emocional de su círculo cercano y el desconocimiento de alternativas. En lugar de comprensión y atención, reciben negativas e indiferencia. María fue libre de elegir porque encontró una mano solidaria que la acogiera a ella y a su bebé como algo valioso. Ahora dice “gracias” a todos los que la ayudan a remontar en su vida. Se siente más fuerte que antes, quiere formar una familia y ayudar a otras madres solteras para que encuentren las soluciones a los problemas reales de su vida. El camino es dificultoso, pero lo va recorriendo con la cabeza en alto.


El aborto no es una solución acorde a la dignidad de las mujeres. Antes bien, es una violencia que se ejerce sobre ellas y sobre los niños y niñas por nacer, y es una herida en el entramado social que se desangra de egoísmo en cada aborto que sufre. Como sociedad no podemos condenar a las mujeres con la indiferencia violenta de un aborto, no podemos descartarlas... a ellas con sus bebés. No podemos mirar para otro lado, enterrando la vida y la dignidad. Tenemos que hacernos cargo de la madre vulnerable y de su hijo o hija. Esa es la respuesta de la que vamos a estar orgullosos y con la que construimos una comunidad inclusiva.


El Plan Sumar del Gobierno Nacional para mujeres embarazadas y vulnerables constituye una excelente iniciativa. Sin embargo, todavía podemos crecer en la contención integral de las madres vulnerables, particularmente en los tristísimos casos de abuso. Por ello, sería deseable que el Congreso prestara atención al proyecto de ley de protección de la mujer embarazada y de los niños y niñas por nacer, en lugar de articular mecanismos que perpetúan un facilismo hipócrita disfrazado de humanidad.

Ernesto Beruti. Médico. Jefe de Obstetricia del Hospital Universitario Austral

Fuente: Clarin.com


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